Los efectos del kéfir en el microbioma oral e intestinal humano - The Effects of Kefir on the Human Oral and Gut Microbiome
Los efectos del kéfir en el microbioma oral e intestinal humano, qué dice la ciencia sobre sus posibles beneficios | Revisión de literatura científica

🔎 Aviso de traducción: La siguiente entrada es una traducción al español del artículo original en inglés. El objetivo es facilitar su lectura a personas de habla hispana
2025 Dec 11;17(24):3861. doi: 10.3390/nu17243861
The Effects of Kefir on the Human Oral and Gut Microbiome
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12735829/
Eleni Grace Black 1, Andrea Bugarcic 2, Romy Lauche 2, Emad El-Omar 1, Fatima El-Assaad
Editors: Carlos Adam Conte-Junior, Alex Graça Contato
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PMCID: PMC12735829 PMID: 41470806

Los efectos del kéfir sobre el microbioma oral y gastrointestinal humano
Resumen
El kéfir, una bebida probiótica fermentada elaborada a partir de leche, agua o ingredientes de origen vegetal, ha ganado una atención significativa como suplemento dietético. Originario de las montañas del Cáucaso hace más de tres mil años, se cree que el kéfir alberga una variedad de beneficios para la salud gracias a su capacidad para modificar la composición de los nichos microbianos dentro del cuerpo humano. Estos nichos microbianos se llaman microbiomas y abarcan la comunidad colectiva de organismos microbianos, sus genomas y su entorno.
La comercialización moderna del kéfir ha impulsado la necesidad de investigaciones de alta calidad sobre su impacto en el microbioma humano y en los resultados de salud asociados; sin embargo, actualmente existe evidencia científica muy limitada que respalde los efectos del consumo de kéfir sobre el microbioma oral y gastrointestinal humano. Son necesarios ensayos clínicos humanos de alta calidad para establecer la seguridad y eficacia del kéfir antes de que pueda recomendarse para el tratamiento de condiciones vinculadas a la microbiota oral y gastrointestinal o a la salud metabólica.
Esta revisión de la literatura tiene como objetivo analizar críticamente estudios recientes que investigan el efecto del consumo de kéfir sobre el microbioma oral y gastrointestinal, así como sus posibles implicaciones para la salud humana. Al examinar los efectos del kéfir sobre estos ecosistemas microbianos interconectados, podemos comprender mejor su potencial y sus limitaciones como alimento funcional para promover la salud sistémica.
Keywords: microbiome, kefir, gut microbiome, oral microbiome, probiotics
1. Introducción
El término “microbioma” fue acuñado inicialmente en 1988 por Whipps y colaboradores para describir la sinfonía de microbios que existen en los suelos [1]. Desde entonces, el término se ha ampliado para incluir conjuntos de microorganismos fundamentales para el mantenimiento de la salud humana y describe tanto a los microorganismos vivos dentro de un nicho ecológico como a sus respectivos genomas. El microbioma intestinal humano es considerado en gran medida el más crítico, dada su influencia en la salud metabólica, las enfermedades crónicas y la salud inmunológica, así como por su compleja comunicación con órganos y sistemas distantes [2,3]. El microbioma intestinal suele ser rico y vasto, albergando aproximadamente 100 billones de microbios que abarcan desde cientos hasta miles de especies [4,5].
Esto contrasta fuertemente con el microbioma oral, otro nicho dentro del cuerpo humano con gran influencia sobre la salud. Aunque se han reportado más de 700 taxones bacterianos en la cavidad oral, el número preciso de microbios es solo de 50 a 100 mil millones, una cifra muy inferior a la del intestino [6]. No obstante, el microbioma oral sigue siendo un factor crítico que influye en la salud humana debido a su papel en las funciones digestivas y metabólicas, así como a su vínculo más amplio con la salud sistémica [6].
Los probióticos han sido consumidos en todo el mundo durante milenios y se cree que promueven la salud humana al modificar el equilibrio de la microbiota dentro de un nicho específico. La mayoría de los productos probióticos actúan principalmente en el intestino, ya que contienen microorganismos vivos que compiten con las bacterias patógenas por nutrientes y sitios de adhesión, produciendo sustancias antimicrobianas como bacteriocinas y ácidos orgánicos [7,8,9]. Además, al interactuar con el sistema inmunológico del huésped, estos microbios pueden reducir la inflamación local y sistémica y apoyar la integridad de la barrera intestinal [10,11,12]. Aunque los probióticos están presentes de forma natural en alimentos como el yogur, el chucrut (repollo fermentado) y el kimchi (vegetales fermentados), también están disponibles como suplementos dietéticos en forma de cápsulas o polvo. La capacidad de los probióticos para influir en los nichos microbianos del cuerpo humano los convierte en una herramienta valiosa para promover la salud general y prevenir enfermedades [13,14].
El kéfir es una bebida probiótica a base de leche que se originó en las montañas del Cáucaso hace más de 3000 años [15]. Se produce utilizando granos de kéfir, que son comunidades simbióticas complejas de bacterias ácido-lácticas, bacterias ácido-acéticas y levaduras, incrustadas en una matriz de polisacáridos. Estos granos se introducen en la leche, típicamente de vaca, e inician un proceso de fermentación mediante el cual la leche se espesa y adquiere un sabor ligeramente ácido. En las prácticas comerciales de producción de kéfir (Figura 1), la leche se inocula con granos de kéfir en una proporción de 1:30 a 1:50, y luego la mezcla se deja fermentar hasta por 24 horas a temperatura ambiente [16,17]. Finalmente, los granos de kéfir se cuelan, y el líquido restante puede consumirse inmediatamente o almacenarse a bajas temperaturas para su consumo posterior [17,18].
El kéfir también puede elaborarse con leche de cabra y de oveja, o a partir de alternativas veganas como la leche de soya y el agua [19,20]. A medida que el mercado comercial del kéfir se ha expandido, también lo han hecho las opciones bajas en lactosa y las alternativas veganas, permitiendo que personas con requerimientos dietéticos específicos puedan consumir esta bebida. Sin embargo, la composición microbiana exacta de las bebidas de kéfir, y por lo tanto los beneficios para la salud que aportan, pueden depender en gran medida del sustrato líquido utilizado durante la fermentación [19].

Un diagrama de flujo simplificado que muestra la producción comercial de kéfir.
Los granos de kéfir se añaden a una base —ya sea leche, agua o una bebida de origen vegetal— en una proporción de 1:30 a 1:50, y la mezcla se somete a fermentación a temperatura ambiente. Después de 24 horas, los granos se cuelan, y la bebida restante puede consumirse inmediatamente o almacenarse para su consumo posterior. Creado en BioRender. El-Assaad, F. (2025).
En efecto, una consideración importante en la investigación sobre el kéfir es la heterogeneidad inherente del propio kéfir. Su composición varía considerablemente dependiendo de múltiples factores, entre ellos el perfil microbiano de los granos iniciadores, el tiempo de fermentación y la temperatura de fermentación [21–24]. Estas variables de producción pueden influir de manera significativa en las especies microbianas finales presentes en la bebida, en sus abundancias relativas y en la concentración de metabolitos bioactivos producidos durante la fermentación. En consecuencia, los efectos sobre la salud observados en un estudio pueden no ser directamente comparables con los de otro, ya que diferentes preparaciones de kéfir pueden ejercer efectos distintos sobre el microbioma oral. Por esta razón, la evidencia sobre los cambios en el microbioma intestinal y oral tras el consumo de kéfir puede diferir ampliamente [25,26].
La composición microbiana del kéfir está dominada en gran medida por bacterias ácido-lácticas (BAL), que representan entre el 60 % y el 83 % de la población microbiana [27–30] (Figura 2). Las BAL desempeñan un papel crucial en la fermentación de los sustratos lácteos al metabolizar la lactosa y producir ácido láctico. Durante este proceso, las BAL también producen dióxido de carbono, acetaldehído, bacteriocinas, catelicidina y peróxido de hidrógeno, los cuales han demostrado atenuar y/o erradicar patógenos entéricos comunes [31,32].
Lentilactobacillus kefiri, Lactococcus lactis y Leuconostoc mesenteroides se encuentran entre las BAL más abundantes presentes en el kéfir [33,34]. L. kefiri y L. mesenteroides sobreviven al paso por el tracto digestivo y se adhieren al epitelio intestinal, una característica crítica de los probióticos potenciales [35,36]. En el intestino, estas especies muestran propiedades antibacterianas y antifúngicas [35–37]. Además, se ha observado que L. kefiri puede unirse a metales tóxicos y micotoxinas, lo que resalta su potencial para un uso futuro en toxicología de emergencia [38,39].
Por su parte, L. mesenteroides puede producir ácido linoleico, un compuesto con propiedades antiaterogénicas, antiinflamatorias y anticancerígenas [36]. L. lactis, en cambio, puede producir ácido linoleico conjugado, pero no es capaz de adherirse al epitelio intestinal para colonizar el intestino [40,41]. A pesar de su presencia transitoria en el intestino, L. lactis puede conferir beneficios al huésped al producir compuestos biológicos con efectos inmunomoduladores, antibacterianos y antihipertensivos [41]. Esta característica de L. lactis le ha valido el término de “fábrica celular”, ya que varios estudios han demostrado su potencial como vehículo para la administración de terapias y vacunas [42–46].
Otras especies de BAL presentes en el kéfir incluyen Lactobacillus acidophilus, Lactobacillus delbrueckii, Lactobacillus helveticus, Lactobacillus johnsonii, Lentilactobacillus parakefiri, Lentilactobacillus sunkii, Lacticaseibacillus rhamnosus, Lacticaseibacillus casei, Lacticaseibacillus paracasei, Lactiplantibacillus plantarum, Levilactobacillus brevis, Limosilactobacillus fermentum y Limosilactobacillus reuteri [47,48]. Sin embargo, la proporción e incluso la presencia de cada una de estas especies bacterianas en el kéfir varía según la región, el sustrato utilizado y el fabricante [47,49,50].

Composición microbiana del kéfir: bacterias lácticas (65-80%), levaduras (10-30%), bacterias acéticas (8-20%) y otras (<5%). Creado en BioRender. El-Assaad, F. (2025).
El 17–40% restante de la carga microbiana del kéfir se distribuye principalmente entre bacterias acéticas (AAB, por sus siglas en inglés: Acetic Acid Bacteria, es decir, bacterias productoras de ácido acético) y levaduras [16,29,30,47]. En el kéfir se han identificado AAB como Acetobacter lovaniensis, Acetobacter fabarum, Acetobacter orientalis, Gluconobacter liquefaciens y Gluconobacter oxydans [51]. Estas bacterias participan en la fermentación del kéfir junto con las bacterias ácido-lácticas (BAL), produciendo ácido acético, que es un ácido graso de cadena corta (SCFA, siglas en inglés de short-chain fatty acid, es decir, ácidos grasos pequeños que se producen en el intestino y son importantes para la salud) clave en el intestino [52,53,54]. El ácido acético y sus metabolitos (sustancias derivadas de su transformación en el cuerpo) tienen efectos locales, como el aumento de la movilidad del íleon (parte final del intestino delgado) y del flujo sanguíneo en el colon, así como el mantenimiento de la homeostasis epitelial (equilibrio y salud del revestimiento interno del intestino) [55,56,57]. Estudios recientes también destacan su influencia en la salud sistémica (de todo el cuerpo), mediante la regulación de la inflamación del huésped, el gasto energético y el apetito [57]. Las levaduras presentes en el kéfir incluyen tanto especies que fermentan lactosa (azúcar de la leche), como Kluyveromyces marxianus y Kluyveromyces lactis, como especies que no fermentan lactosa, como Saccharomyces cerevisiae [30,58,59]. S. cerevisiae, K. marxianus y K. lactis producen etanol (alcohol) y dióxido de carbono, lo que contribuye al sabor característico del kéfir y a su ligera efervescencia (burbujas) [60,61]. Las levaduras presentes en el kéfir generalmente se consideran seguras y bien toleradas para el consumo humano; de hecho, muchas levaduras son consideradas probióticos porque apoyan la función inmunológica y la salud intestinal [62]. En particular, Saccharomyces cerevisiae var. boulardii presenta propiedades antimicrobianas (combate microbios dañinos), anticancerígenas, antioxidantes y antiinflamatorias [63], y se ha documentado su uso para tratar o prevenir la enfermedad de Crohn [64] y el síndrome del intestino irritable [65]. La evidencia sugiere que S. cerevisiae también puede mejorar el potencial probiótico de las bacterias ácido-lácticas (BAL) mediante coagregación (capacidad de unirse entre sí) y adhesión a las células epiteliales (células que recubren el intestino) [66], lo cual es un hallazgo especialmente relevante al considerar el perfil microbiano total del kéfir. El kéfir también contiene Bifidobacterium longum, perteneciente a la familia Bifidobacteriaceae. Aunque no es ni una BAL ni una AAB, esta especie es conocida por tener características probióticas beneficiosas [67,68].
La combinación única de estos componentes microbianos se cree que contribuye a la amplia gama de beneficios potenciales para la salud del kéfir, incluyendo la mejora de la salud intestinal y el manejo de diversas enfermedades [28,33,48]. La creciente popularidad del kéfir en todo el mundo hace necesaria más investigación sobre el impacto de su consumo en la salud humana. Esta revisión examina la evidencia actual sobre el efecto del consumo de kéfir en el microbioma oral e intestinal, sus implicaciones para la salud humana e identifica áreas clave para futuras investigaciones.
2. Métodos
Se realizó una búsqueda utilizando PubMed y la Cochrane Library que cubrió el período desde enero de 2010 hasta febrero de 2025. Los términos de búsqueda incluyeron “kefir” Y (“gut microbiota” O “gut microbiome” O “oral microbiota” O “oral microbiome” O “salivary”). Se obtuvieron un total de 126 resultados, de los cuales se incluyeron 9 estudios [69,70,71,72,73,74,75,76,77].
Los estudios se incluyeron si cumplían los siguientes criterios: (1) ensayos controlados aleatorizados, estudios intervencionales o estudios de seguridad/viabilidad; (2) publicación inicial entre enero de 2010 y diciembre de 2024; (3) los métodos incluían la identificación de microbiota intestinal u oral mediante extracción de ADN y secuenciación o métodos de cultivo; y (4) los resultados incluían cambios en la diversidad o en la abundancia relativa o el recuento de la microbiota intestinal u oral.
Los estudios fueron excluidos si eran estudios no realizados en humanos, revisiones, metaanálisis, reportes de casos o estudios no disponibles en inglés. Los estudios sobre cualquier tipo de kéfir (vaca, cabra, soya, agua, etc.) fueron elegibles para su inclusión. La mayoría de los estudios fueron excluidos porque no eran ensayos controlados aleatorizados, estudios intervencionales o estudios de seguridad/viabilidad, y porque no medían cambios en la diversidad, la abundancia relativa o el recuento de la microbiota intestinal u oral.
Un estudio adicional fue identificado en las referencias de otro estudio incluido [78]. Cuatro estudios fueron incluidos para examinar el impacto del consumo de kéfir en el microbioma oral, y seis fueron incluidos para el microbioma intestinal [69,70,71,72,73,74,75,76,77,78].
3. Resultados
Se identificaron seis estudios relevantes que examinan el microbioma intestinal y cuatro que examinan el microbioma oral (Tabla 1 y Tabla 2).
Tabla 1
Comparación de seis estudios sobre el efecto del consumo de kéfir en el microbioma intestinal humano
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Abreviaturas (traducidas):
- ns = no estadísticamente significativo según el
estudio
- GMWI = Índice de Bienestar del Microbioma
Intestinal
- T1 = punto de tiempo 1
- T2 = punto de tiempo 2
- PCOS = síndrome de ovario poliquístico
- LOS = duración de la estancia hospitalaria
- CD = enfermedad de Crohn
- UC = colitis ulcerosa
- NR = no reportado
Tabla 2
Estudios sobre el efecto del consumo de kéfir en el microbioma oral
Abreviaturas:
- NR = No reportado
- CFU = Unidades formadoras de colonias (conteo de bacterias viables)
4. Discusión
4.1. Cambios en el microbioma intestinal inducidos por el consumo de kéfir
El consumo de kéfir induce cambios variables en el microbioma intestinal en diferentes poblaciones. En adultos sanos, Walsh et al. [72] encontraron que un subconjunto de individuos experimentó un aumento en la abundancia relativa de Lactococcus raffinolactis, una bacteria ácido-láctica (LAB) presente en productos de kéfir de leche. Este cambio no fue estadísticamente significativo y no hubo evidencia de cambios en la diversidad microbiana entre los tres grupos incluidos en el estudio.
En comparación, Bellikci-Koyu et al. [73] observaron un aumento significativo en la abundancia relativa de Actinobacteria en individuos con síndrome metabólico. Yılmaz et al. [74] reportaron un aumento en la abundancia relativa de Lactobacillus en individuos con enfermedad inflamatoria intestinal (IBD). Entre pacientes críticamente enfermos ingresados en hospitales, Gupta et al. [71] observaron un aumento en el Índice de Bienestar del Microbioma Intestinal (GMWI), a pesar de disminuciones en la diversidad y riqueza de la microbiota intestinal debido al uso de antibióticos.
En contraste, Dazıroğlu et al. [70] encontraron un aumento significativo en la diversidad y riqueza microbiana intestinal en mujeres con síndrome de ovario poliquístico (PCOS) después del consumo de kéfir, posiblemente debido a la exclusión de participantes que utilizaban antibióticos. Estos datos en conjunto indican que el impacto del consumo de kéfir sobre el microbioma intestinal depende en gran medida del estado de salud del huésped y de factores relacionados con el estilo de vida.
A pesar de la variación entre estudios, surgieron varios hallazgos comunes. Tres estudios reportaron una relación entre el aumento de los niveles de bacterias ácido-lácticas (LAB) y mejoras en los resultados de salud. Yılmaz et al. [74] observaron un aumento en los niveles de Lactobacillus en individuos con enfermedad inflamatoria intestinal, lo cual se correlacionó con mejoras en los síntomas gastrointestinales, particularmente en las puntuaciones de “dolor abdominal” y “sensación de bienestar”.
De manera similar, Gupta et al. [71] reportaron que un aumento en Lactobacillus estaba relacionado con una mejora en el GMWI en adultos críticamente enfermos. Sin embargo, este aumento se observó durante un período breve de solo 72 horas durante el estudio. Dazıroğlu et al. [70] encontraron un aumento significativo en la abundancia de Bacilli en mujeres con síndrome de ovario poliquístico, así como una mejora estadísticamente significativa en las puntuaciones de función física y salud mental en comparación con el período previo al tratamiento.
Dos estudios proporcionaron evidencia preliminar de que el aumento de LAB podría mejorar la salud, aunque no se establecieron vínculos claros. Walsh et al. [72] identificaron un aumento en L. raffinolactis, aunque esto solo ocurrió en cuatro de los diez participantes del grupo que consumió kéfir. Estos cuatro participantes demostraron aumentos en ácido acético, N,N-dimetilglicina y ácido succínico en la orina, metabolitos que pueden apoyar el metabolismo, la salud muscular y la salud de la piel [79,80,81]. Sin embargo, no se informaron cambios específicos en los resultados de salud de estos cuatro participantes.
Bellikci-Koyu et al. [73] reportaron un pequeño aumento en Lactobacillales en individuos con síndrome metabólico, así como cambios positivos en la insulina en ayunas, TNF-α, IFN-γ y presión arterial en el grupo que consumió kéfir. Sin embargo, tampoco se informaron cambios en los resultados generales de salud.
Esto indica que el consumo de kéfir, al provocar cambios en la abundancia de bacterias ácido-lácticas en el microbioma intestinal, puede conducir a cambios positivos en la salud intestinal y en la salud sistémica. Sin embargo, esto no se reflejó en el estudio de Öneş et al. [69]. No obstante, se encontraron pequeñas mejoras en el rendimiento atlético después del consumo de kéfir, aunque estas no fueron estadísticamente significativas.
Estos estudios reportan asociaciones más que relaciones causales, y existe poca homogeneidad entre los estudios con respecto a las medidas de mejora de la salud.
Entre los estudios revisados, tres informaron haber utilizado kéfir de diferentes fabricantes [69,71,72], dos informaron haber formulado su propio kéfir utilizando productos de distintos fabricantes [70,73], y uno no informó el fabricante del kéfir utilizado [74]. El uso de fuentes estandarizadas permitiría comparaciones más confiables entre estudios.
La inclusión de controles placebo en los diseños de estudio ayuda a garantizar la validez de los resultados, sin embargo solo un estudio comparó el grupo de intervención con kéfir con un grupo de control que recibió un tratamiento placebo [73]. Dos estudios incluyeron un grupo de control que no recibió tratamiento [69,74], y los tres estudios restantes no incluyeron grupo de control [70,71,72]. También se necesitan ensayos a mayor escala, dado el tamaño limitado de las muestras en todos los estudios incluidos.
4.2. Cambios en el microbioma oral inducidos por el consumo de kéfir
En todos los estudios, el consumo de kéfir en humanos pareció reducir la abundancia de ciertos microorganismos orales. Los cuatro estudios reportaron una reducción en las unidades formadoras de colonias (CFU) de Streptococcus mutans en la saliva, una bacteria clave en la formación de caries dentales, después de un período de consumo de kéfir [75,76,77,78].
Cogulu et al. [78] también reportaron una reducción en las CFU de Lactobacillus salivales, que incluyen especies que tanto contribuyen a la aparición de caries como ayudan a prevenirlas. Este hallazgo no se reflejó en los otros tres estudios.
Sin embargo, la respuesta general al consumo de kéfir parece consistente entre diferentes grupos de edad. Dos estudios se centraron en adultos sanos y demostraron reducciones en la bacteria cariogénica S. mutans [77,78]. Los otros dos estudios incluyeron niños sometidos a tratamientos de ortodoncia o restauraciones dentales y mostraron la misma reducción [75,76].
Esto sugiere que, independientemente de la edad o del estado de salud dental, el consumo de kéfir puede reducir la prevalencia de bacterias asociadas a la caries. No obstante, debido a los resultados limitados y a la falta de seguimientos a largo plazo en los cuatro estudios, no existe evidencia que confirme que el consumo de kéfir reduzca directamente el riesgo de caries u otras enfermedades dentales mediante la modulación del microbioma oral.
Se requieren estudios adicionales que incluyan la evaluación de resultados clínicos mediante seguimientos a largo plazo para aclarar mejor la relación entre el consumo de kéfir y el apoyo a la salud oral general.
Aunque se reportaron reducciones en S. mutans y Lactobacillus salivales en los cuatro estudios, estos fueron los únicos cambios observados en el microbioma oral. Esto representa una limitación crítica de la literatura, ya que los cuatro estudios se basaron exclusivamente en métodos de cultivo para identificar las bacterias presentes en las muestras de saliva de los participantes.
Ninguno de los cuatro estudios utilizó métodos de secuenciación de ADN para identificar bacterias; en su lugar se emplearon métodos de cultivo y pruebas de riesgo de caries (CRT) [75,76,77,78]. La prueba CRT consiste en recolectar saliva del paciente y utilizar un medio de agar incorporado para determinar visualmente la abundancia de S. mutans y Lactobacillus presentes en la saliva.
Como estos métodos son semicuantitativos y solo detectan bacterias predeterminadas, no pueden proporcionar una visión completa de la diversidad microbiana ni identificar especies nuevas o no previstas; esto solo puede lograrse mediante métodos de secuenciación de ADN. Por lo tanto, la dependencia exclusiva de métodos de cultivo en los cuatro estudios impide una evaluación completa de los efectos más amplios del consumo de kéfir sobre la ecología microbiana oral.
Otras limitaciones de los cuatro estudios incluyen la variabilidad en los fabricantes de los productos de kéfir utilizados. Un estudio utilizó granos de kéfir de un fabricante no identificado para producir el kéfir administrado a los participantes [77], dos estudios utilizaron fuentes diferentes [76,78], y uno no informó el fabricante del kéfir utilizado [75].
Otra limitación es el tamaño relativamente pequeño de los grupos de participantes; solo dos ensayos incluyeron más de 50 participantes [76,77], y uno de ellos no informó la asignación de los participantes a los respectivos grupos [77]. Se necesitan ensayos a mayor escala para garantizar resultados confiables.
Además, no hubo evidencia en los cuatro estudios de un control estricto de factores de confusión, como la higiene oral y los hábitos alimentarios de los participantes. Mientras que Alp et al. [76] señalan que los participantes recibieron educación sobre higiene oral y se les aconsejó cepillarse los dientes dos veces al día, no se incluyeron detalles sobre la naturaleza y el contenido de esa educación, ni se registró el cumplimiento de los participantes con las prácticas recomendadas.
De manera similar, Reddy et al. [75] indicaron a los participantes que mantuvieran sus prácticas habituales de higiene, pero no hay evidencia de que los autores hayan monitoreado el cumplimiento ni ajustado los resultados considerando sus posibles efectos.
Finalmente, los otros dos estudios no especificaron ninguna instrucción sobre las prácticas de higiene oral de los participantes [77,78]. Estos estudios también emplearon períodos de intervención de tres semanas o menos [77,78], un período relativamente corto en comparación con otros estudios sobre el microbioma intestinal y oral.
Este período corto puede no ser suficiente para permitir que ocurran cambios en el microbioma oral tras el consumo de kéfir. Por lo tanto, la corta duración de la intervención constituye una limitación importante para estos dos estudios.
5. Conclusiones
La literatura actual indica que el consumo de kéfir puede influir tanto en el microbioma intestinal como en el microbioma oral en los seres humanos, aunque la naturaleza específica y la magnitud de estos efectos varían. En el intestino, el kéfir parece influir en la abundancia relativa de Lactobacillus, y algunos estudios también muestran mejoras en índices de bienestar y parámetros clínicos.
En la cavidad oral, el kéfir reduce de manera consistente los niveles de Streptococcus mutans, un contribuyente principal a la formación de caries dentales; un resultado observado tanto en poblaciones adultas como infantiles. Sin embargo, las variaciones en los diseños de los estudios y en las medidas de resultados hacen difícil extraer conclusiones definitivas acerca de los mecanismos específicos y las implicaciones clínicas a largo plazo del consumo de kéfir.
6. Direcciones futuras
Las investigaciones futuras deberían intentar superar las múltiples limitaciones presentes en el conjunto actual de estudios. Problemas recurrentes como tamaños de muestra pequeños, períodos de intervención breves y la ausencia de controles adecuados debilitan la interpretación y aplicación de los datos.
Además, las variaciones en las fuentes de los granos de kéfir o en los fabricantes de los productos de kéfir utilizados en los estudios pueden introducir factores de confusión que influyen en los resultados. En los estudios sobre el microbioma oral, la dependencia de métodos basados en cultivos y pruebas de riesgo de caries, en lugar de métodos de secuenciación de nueva generación, restringió gravemente el alcance de la investigación a cambios en el número de bacterias previamente determinadas.
Como resultado, no se evaluaron cambios en la diversidad alfa o beta ni en la abundancia relativa de microorganismos. Las investigaciones futuras deberían abordar estas limitaciones mediante ensayos más grandes y bien controlados, con participantes emparejados por edad, sexo y origen étnico, utilizando productos de kéfir estandarizados, bases de kéfir bien descritas (lácteas frente a vegetales) y análisis completos del microbioma.
Además, se necesitan estudios longitudinales para evaluar el impacto a largo plazo del kéfir en resultados clínicos, incluyendo la incidencia de caries dentales y la prevención o manejo de trastornos relacionados con el intestino. Abordar estas limitaciones permitiría obtener una comprensión más completa de los beneficios para la salud y del potencial terapéutico del kéfir.
Contribuciones de los autores
Conceptualización: F.E.-A.; metodología: E.G.B. y F.E.-A.; software y redacción del borrador original: E.G.B.; revisión y edición del manuscrito: E.G.B., A.B., R.L., E.E.-O., F.E.-A.; supervisión: F.E.-A. Todos los autores han leído y aprobado la versión publicada del manuscrito.
Declaración de disponibilidad de datos
Los datos están contenidos dentro del artículo. Las contribuciones originales presentadas en este estudio están incluidas en el artículo. Consultas adicionales pueden dirigirse al autor correspondiente.
Conflictos de interés
Los autores declaran que no existen conflictos de interés.
Declaración de financiación
Esta investigación no recibió financiación externa.
Notas al pie
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